A menudo se plantea el debate sobre si estos programas realmente generan empleo o si simplemente sirven para reforzar los servicios que prestan los ayuntamientos. Creo que la respuesta no puede reducirse a una sola idea.
Estos convenios permiten mejorar la prestación de servicios municipales. Durante más de ocho meses, estas personas han desarrollado trabajos de mantenimiento, limpieza, pintura, albañilería y otras tareas que repercuten directamente en la calidad de vida de nuestros vecinos. Pero sería injusto quedarse únicamente con esa visión.
Quienes participan en estos programas recuperan hábitos laborales, adquieren experiencia y, en este caso, además, combinan el trabajo con formación en competencias clave que mejora sus posibilidades de acceder al mercado laboral.
Estoy convencido de que las políticas de empleo no pueden entenderse como actuaciones aisladas. Deben formar parte de un ecosistema donde colaboren las administraciones públicas, los servicios públicos de empleo, los centros de formación, las empresas y el propio tejido económico del municipio.
Por eso, el Plan de Empleo Municipal se articula a través de diferentes iniciativas: programas para desempleados de larga duración, Planes de Empleo Social, proyectos de primeras experiencias profesionales dirigidos a jóvenes y otros convenios vinculados a la limpieza de barrancos y a la transformación sostenible del municipio.
Los ayuntamientos no crean empleo por sí solos. Quien genera empleo estable es el tejido productivo. Pero sí podemos crear las condiciones para que más personas estén preparadas para acceder a una oportunidad laboral y para que las empresas encuentren perfiles mejor cualificados.
Los datos también merecen una reflexión. Hemos cerrado el primer semestre de 2026 con 1.745 personas desempleadas, el mejor dato registrado en Tacoronte en los últimos diecisiete años.
¿Es mérito exclusivo de estos programas? Evidentemente no.
¿Contribuyen a mejorar la empleabilidad y a generar oportunidades? Estoy convencido de que sí.
Cuando una administración consigue que una inversión pública sirva, al mismo tiempo, para prestar mejores servicios, formar a las personas y acercarlas al mercado laboral, estamos ante una política pública que merece la pena seguir impulsando.
Porque detrás de cada cifra hay una persona, una familia y una oportunidad de volver a empezar. Y esa sigue siendo la mejor razón para creer en las políticas públicas de empleo.
Eduardo A. Dávila