El reciente informe del Comisionado de Transparencia y Acceso a la Información Pública de Canarias sitúa al Ayuntamiento de Tacoronte con una calificación de 9,98 sobre 10 en el Índice de Transparencia de Canarias. Un resultado que mejora la evaluación anterior y que nos sitúa entre las administraciones locales mejor valoradas del Archipiélago.
Es una buena noticia y creo que debemos celebrarla. Detrás de esa puntuación hay muchas horas de trabajo para mantener actualizada la información pública, cumplir con las obligaciones legales y consolidar una cultura administrativa basada en la transparencia.
Pero precisamente porque hemos alcanzado un nivel muy alto de cumplimiento, creo que es un buen momento para plantearnos el siguiente reto: la transparencia no puede limitarse a cumplir unos indicadores o a obtener una buena calificación. Es un buen punto de partida, pero no debería ser el punto de llegada.
La legislación evalúa si la información obligatoria está publicada y disponible. Y esto está bien. Sin embargo, la pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿esa información resulta realmente útil para los vecinos de Tacoronte?
Un ciudadano no entra en el Portal de Transparencia para comprobar si el Ayuntamiento cumple un determinado indicador. Entra porque quiere resolver una duda concreta: entender una ordenanza, conocer en qué se invierte el presupuesto municipal, saber cómo evoluciona un servicio o localizar un procedimiento administrativo, o realizar un trámite concreto.
Y muchas veces la información existe, pero no siempre es fácil encontrarla, comprenderla o interpretarla. Prueben en la sede electrónica municipal y podrán comprobar que no es fácil.
Además, un dato aislado rara vez explica una realidad. La información adquiere verdadero valor cuando está contextualizada, cuando permite comparar la evolución en el tiempo o conocer cómo se sitúa un municipio respecto a otros de características similares. Solo así puede convertirse en una herramienta útil para valorar la gestión pública en su totalidad.
Hace algunos años hablábamos con frecuencia de Gobierno Abierto, sustentado sobre tres pilares: transparencia, participación y colaboración. Aquellos conceptos marcaron una forma distinta de entender la administración pública. Ese debate, en mi opinión ha perdido protagonismo, y percibo desconfianza y desafección en estos asuntos.
La verdadera transparencia comienza cuando cualquier vecino puede encontrar la información, comprenderla y utilizarla para conocer mejor cómo se gestiona su Ayuntamiento.
La transformación digital de las administraciones y las tecnologías emergentes como la Inteligencia Artificial suponen nuevas oportunidades ya que pueden ayudarnos a transformar la transparencia documental en una transparencia efectiva. Ya no sólo se trata de publicar documentos, sino de facilitar que cualquier vecino pueda preguntar, en un lenguaje sencillo, sobre la información pública y obtener respuestas claras, comprensibles y fundamentadas.
Ese debería ser, en mi opinión, el siguiente objetivo de las administraciones públicas.
Eduardo A. Dávila