Gobernar un municipio como Tacoronte exige algo más que gestionar el día a día: exige preguntarse cómo se toman las decisiones, con qué criterios y con qué horizonte de futuro; exige, además, la capacidad de detenerse y reflexionar, incluso cuando la inercia diaria empuja a seguir sin mirar atrás.

En mi opinión, se han ido dando pasos para avanzar hacia una gobernanza más ordenada y responsable: desde la estabilidad que supone la aprobación anual de presupuestos, fundamental para una planificación eficaz de un mejor Tacoronte; de la mejora de los procesos de trabajo que agilizan los expedientes y hace que las cosas sucedan, algo que muchas veces no se ve, pero resulta clave para una administración más útil; el esfuerzo por estructurar la organización municipal, definir las funciones del personal público y proyectar las necesidades futuras; y la reflexión y definición de los retos que tenemos en el municipio, documentados en una Agenda Local – y que merecería, en mi opinión, más re-definición y seguimiento municipal-, ya que, al margen de populismos, es lo más parecido a una estrategia municipal documentada y susceptible de medir los avances. 

Pero también se han ido dando pasos en organizar los procesos de contratación pública, más responsables, más abiertos a la concurrencia, dejando atrás el abuso del contrato directo -el denominado vulgarmente contrato menor-, y que en definitiva, convierta el gasto público en inversión real en el municipio, activando otras palancas en políticas de empleo, por ejemplo, o en mejorar el acceso a la contratación de emprendedores y pequeñas empresas.

Seguir trabajando en no dejar a nadie atrás es otra asignatura que hay que aprobar, al menos con un notable: la apuesta clara y manifiesta en la mejora de los servicios sociales municipales, a través de ayudas para las personas más vulnerables, o potenciar los servicios de atención en el domicilio, apoyar la rehabilitación de viviendas para las personas que más lo necesitan o complementar la acción municipal social con entidades del tercer sector, son, como mínimo, acciones que hay que esmerarse en mejorar continuamente. Y de forma paralela, seguir trabajando por la igualdad efectiva, por la diversidad y, por activar, en colaboración con otros agentes en el territorio, políticas de empleo con planes de formación y empleo para nuestros vecinos.

Pero otras muchas cuestiones, como la participación ciudadana efectiva, el cuidado de nuestro patrimonio, el valor de nuestras costumbres, festejos y tradiciones, los hábitos saludables y el deporte, la movilidad, la educación y la innovación, el cuidado de nuestro patrimonio natural -montes, costas, medianías-, activando acciones que mejoren la agricultura y la ganadería, la soberanía alimentaria, nuestros productos locales, nuestro medioambiente, y sin perder de vista la esfera comercial y el embellecimiento de nuestros barrios y edificios públicos. Y todo eso sin renunciar a los servicios esenciales en agua y saneamiento, en limpieza de nuestra ciudad, en el cuidado de nuestros espacios verdes o en contribuir a una recogida de residuos ordenada que permita el reciclado para avanzar en una economía circular real.

Algunos logros se han ido consiguiendo, otros precisan de activarse con mayor tesón e inversión, pero ni son definitivos ni están exentos de errores; sería poco honesto afirmarlo: Gobernar no es hacerlo todo bien, y la autocrítica es parte esencial del camino: nos permite aprender, corregir y mejorar.

Muchos de los retos deben abordarse con realismo, desde el punto de vista de capacidades y recursos, y por supuesto, con la participación e implicación responsable de todas las partes, para poder abordarlos con base firme y reglas compartidas.